La campana de la puerta sonó con un timbre viejo cuando Marta empujó el vidrio hacia dentro. La recepción, bañada por la luz mortecina de un mediodía nublado, olía a desinfectante y a café recalentado. Tras el mostrador, una planta de hojas enfermas inclinaba su tallo hacia la ventana; sobre la pared, un reloj de péndulo marcaba un minuto más lento que los demás.
—Buenos días —dijo Marta, con la voz más firme que pudo—. Vengo por la cita con el doctor Ramírez. capitulo 3 la clinica del doctor ramirez exclusive
Marta concibió una breve lista: el mareo al levantarse, el sueño fragmentado, la sensación de una mano invisible apretándole el pecho en noches de insomnio. Expuso los síntomas con cautela, como quien entrega una confesión que teme no sea creída. La campana de la puerta sonó con un
—Voy a tomarle una muestra de sangre y otra de saliva —dijo—. También necesito que me describa exactamente cuándo comenzaron —Buenos días —dijo Marta, con la voz más
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